Nadie se imaginaba que el movimiento “slow” podría interpretarse en el ámbito teatral, pero resulta que los valores que nos mueven a actuar (pasar a la acción o interpretar) activan nuestras emociones, que ralentizan nuestros sentidos y nos permiten llevar una vida más plena, siendo dueños de nuestro tiempo.


Nos sentimos ligados filosóficamente a la vida desacelerada y por eso la temática de nuestras representaciones recuerda que somos capaces de conseguir efectos beneficiosos llevando a cabo una actitud pausada ante la vida. Queremos alejarnos de esa vida estresada y desinteresada, sometida por el tic-tac de un reloj que hace mucho lanzamos al hiperespacio.



Resumiendo: tenemos capacidad para realizar acciones “site-specific” que generen la tensión necesaria para llevar a la reflexión, al debate o a la acción.